
Por Juls
Uno de los filmes que desafortunadamente han pasado desapercibidos en cartelera es Control, el primer proyecto que dirige el excelente fotógrafo y director de videos musicales holandés Anton Corbijn, en cuya extensa carrera ha trabajado con músicos como U2, Depeche Mode, R.E.M., Nirvana, Red Hot Chili Peppers, Coldplay, entre muchos más. Su desenvolvimiento durante varias décadas dentro del ámbito musical, le ha dejado sin duda una sensibilidad por plasmar la esencia de los artistas con los que ha trabajado, al conocer sus experiencias personales, estados de ánimo y muchas veces entablando amistades y relaciones cercanas con ellos.
Corbijn comenzó su carrera durante la década de los años 70. Sus primeros trabajos como fotógrafo dentro de la escena del rock iniciaron con la banda inglesa post-punk Joy Division, quienes gracias a su vocalista, Ian Curtis, tuvieron una historia oscura, llena de tragedias y altibajos que Corbijn tuvo la necesidad de expresar. Así nace Control, que basado en Touching From A Distance la biografía de Ian escrita por su esposa Deborah Curtis, logra darnos una dramática visión acerca de la (al parecer) depresiva vida del genial artista.
Ian Curtis (Sam Riley), oriundo de Macclesfield, Inglaterra, tenía tan solo 17 años cuando conoció a Deborah (Samantha Morton), con quien compartió por un tiempo su gusto poético y musical. Sintiendo esa gran química, Ian le pide matrimonio. Dentro de su vida conyugal, Ian trabajaba de día en una oficina de contrataciones, mientras que por la noche se encerraba en un cuarto a escribir su poesía. En 1976, dentro de un concierto de Sex Pistols, Ian conoce a Bernard Sumner, Peter Hook y Terry Mason con quienes formó el grupo Warsaw, reclutando a Stephen Morris como baterista. Entre su intento por dar a conocer a la banda y cambiándose el nombre a Joy Divison, deciden grabar un demo con ayuda de los ahorros de Deborah. Tony Wilson, quien tenía un programa televisivo, les dio no solo la oportunidad de tocar en vivo su sencillo Transmission (cuya copia original existe), si no de convertirse en una banda mucho más conocida y valorada. Mientras tanto, Deborah estaba embarazada, e Ian se alejaba más de la relación. Durante sus giras conoce a Annik (Alexandra Maria Lara), quien después de convirtiera en su amante. A los 20 años, Ian descubre que sufre de ataques epilépticos. Sus bailes dentro del escenario y su mirada, daban la sensación de que en cualquier momento podía caer al piso desesperadamente (y en ocasiones sucedió). Su preocupación pasiva como padre y esposo, la pasión que Anikk le regresó y el terrible miedo y angustia que le causaba su enfermedad, fueron del parte aguas para que el artista cometiera suicidio a sus 23 años, un día antes de que comenzara su gira por Estados Unidos.
Sam Riley, con su físico sumamente inglés y en su primer papel protagónico, logró retratar la personalidad depresiva de Curtis , sobresaliendo sus movimientos dentro del escenario (si tienes oportunidad observa algún video de Joy Division para comprobarlo), mientras que la más experimentada Samantha Morton, retrata a una mujer pasiva, cuyo amor por Curtis era lo único que la guiaba en su vida. En Control, existe un punto débil: al ser una adaptación de la biografía de Deborah, el argumento se enfoca más en la vida emocional-romántica de Curtis, dejando a un lado las verdaderas experiencias que vivió con el grupo (que si se muestran, pero de una forma algo plana y ajena), cuestión que, a los amantes de la música y del grupo, podría parecernos una gran carencia. Aún así, nos damos una idea de la situación que rodeaba a dicha época: Ian admiraba a David Bowie e Iggy Pop, logró ver en vivo a Sex Pistols, compartió escenario con The Buzzcocks y John Cooper. Sin embargo, si te gustaría profundizar en este aspecto, el filme de Michael Winterbottom 24 Hour People, te dará más detalles.
El rodaje de Control se llevó a cabo en color y luz sobreexpuesta, lo que claramente hubiera dado otro resultado. Corbijn decidió presentar la historia en blanco y negro por medio de una transferencia para lograr la sensación de realismo, dramatismo y seguramente la forma en la que el propio Curtis veía su vida. Su basta experiencia en el ramo dio como resultado una obra artística visual, en la cual, cada escena cuenta con elementos de una fotografía fija bien planeada. Dicha característica (y no el guión como comentaba anteriormente), es el mayor valor del filme, que resulta una mezcla de un video musical con un libro de retratos fotográficos. Ojalá que Corbijn continúe realizando trabajos de este tipo porque a pesar de no ser un producto comercial y digerible para todo público, habemos quienes sin duda gustamos de estos nuevos estilos de arte.
La corta historia musical de Ian Curtis ha quedado expuesta.
Ian: When I'm up there singing, they don't understand how much I give… and how it affects me. I have no control anymore.
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